¡BUCKY DESATADO! Los Buccaneers asaltan Dallas y estrenan su casillero de victorias.

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¡Por fin, grumetes! Después de cuatro derrotas consecutivas, los Tampa Bay Buccaneers han encontrado una razón para sonreír. Y lo han hecho en prime time, en territorio vaquero y contra unos Dallas Cowboys que partían como favoritos por 9,5 puntos. El resultado final, 24-16, supone la primera victoria de la temporada 2026 para Tampa Bay y un necesario balón de oxígeno para un equipo que llegaba a Arlington con demasiadas dudas, demasiada presión y muy poco margen de error.

Los Buccaneers no han solucionado todos sus problemas en una noche, ni Todd Bowles se ha ganado de repente una estatua frente al Raymond James Stadium. Pero han demostrado que todavía tienen argumentos para competir. Con Bucky Irving desatado, Jalon Daniels jugando con mucha más serenidad y una defensa que terminó decidiendo el encuentro con dos intercepciones, Tampa Bay se lleva una victoria que necesitaba como el agua en mitad de un naufragio.

Eso sí, tampoco nos vengamos arriba antes de tiempo. Los Bucs ganaron, sufrieron más de la cuenta y volvieron a regalar motivos para llevarse las manos a la cabeza. Pero esta vez, al menos, la noche terminó con pólvora en nuestros cañones.

Bucky Irving prende fuego a Dallas

Si había un jugador capaz de cambiarle la cara a esta ofensiva, ese era Bucky Irving. Y vaya si lo hizo.

El corredor terminó la noche con 21 carreras, 165 yardas terrestres y un touchdown, además de contribuir con una anotación como receptor. Su actuación fue el motor de un ataque que necesitaba recuperar identidad después de un comienzo de temporada para olvidar.

La primera mitad ya dejó señales de que Tampa Bay quería imponer su ritmo. Los Buccaneers firmaron una larguísima serie ofensiva de 15 jugadas y 73 yardas, consumiendo 10 minutos y 58 segundos del reloj. Jalon Daniels completó sus ocho primeros pases, movió las cadenas en situaciones comprometidas y encontró a Irving en la zona de anotación para culminar una serie que terminó siendo la más larga del equipo desde 2007.

Una eternidad, sí. Pero también una demostración de que los Bucs podían controlar el partido sin vivir permanentemente al límite.

El encuentro llegó al descanso con Dallas por delante, 10-7, y la sensación de que Tampa Bay seguía necesitando una chispa. Esa chispa apareció nada más comenzar el tercer cuarto.

Irving recibió el balón, encontró el hueco y se lanzó a campo abierto. Setenta y dos yardas de carrera después, los Buccaneers estaban a las puertas de la zona de anotación. En la siguiente jugada, Emeka Egbuka culminó la acción con un touchdown de carrera de 14 yardas que puso el 14-10 en el marcador.

Ahí cambió el partido. Y, sobre todo, cambió la energía de un equipo que llevaba cuatro semanas buscando motivos para creer.

Irving volvió a aparecer en la siguiente serie anotadora, mientras Tez Johnson se encargaba de poner a la defensa de Dallas contra las cuerdas con una recepción de 64 yardas. El corredor encontró después el camino a la zona de anotación para ampliar la ventaja hasta el 21-10.

Tampa Bay terminó el encuentro con 241 yardas terrestres y una ventaja en posesión de 39:21 frente a los 20:39 de Dallas. No es casualidad. Cuando puedes correr así, mantener a tu defensa descansada y obligar al rival a mirar el reloj, el partido empieza a jugarse en tus términos.

Y Bucky Irving volvió a recordar por qué puede ser una pieza fundamental de este ataque.

Jalon Daniels responde a la presión

La otra gran noticia de la noche llegó desde la posición de quarterback.

Después de un estreno complicado en la jornada anterior, con dos intercepciones, Jalon Daniels necesitaba demostrar que podía gestionar una ofensiva NFL sin convertirse en su mayor problema. El quarterback novato no elegido en el Draft respondió con una actuación mucho más sólida y, sobre todo, sin regalar el balón.

Daniels completó 19 de sus 25 pases para 189 yardas y un touchdown, a los que añadió 23 yardas por vía terrestre. Sus números no son espectaculares, pero cuentan una historia importante: supo cuándo lanzar, cuándo utilizar las piernas y cómo mantener vivas las series ofensivas.

Su comienzo fue especialmente prometedor. Completó sus ocho primeros lanzamientos y dirigió aquella serie de casi once minutos que terminó con el primer touchdown de Tampa Bay. También convirtió varios terceros downs, incluyendo situaciones en las que su movilidad fue determinante.

La conexión con Tez Johnson en el tercer cuarto terminó de inclinar el campo. El receptor encontró muchísimo espacio y transformó un pase en una ganancia de 64 yardas que dejó a los Buccaneers en una posición inmejorable para ampliar su ventaja.

No conviene convertir una buena noche en una sentencia definitiva sobre el futuro del puesto. Daniels todavía tiene mucho que aprender y la muestra sigue siendo reducida. Pero, después de lo sucedido ante Green Bay, necesitaba una respuesta. Y la dio.

Con Baker Mayfield fuera de combate por su lesión en el pulgar, Tampa Bay necesita que Daniels proteja el balón, ejecute el plan ofensivo y evite que cada posesión se convierta en una aventura. En Dallas cumplió con esas tareas.

Ahora le toca demostrar que puede repetirlo.

La defensa encuentra la manera de cerrar el partido

La defensa de Todd Bowles comenzó la noche concediendo demasiado. Dallas recorrió 70 yardas en nueve jugadas durante su primera posesión, con Dak Prescott conectando con George Pickens y Javonte Williams castigando por tierra. El corredor terminó la serie con una carrera de una yarda para abrir el marcador.

Los Buccaneers volvieron a mostrar errores de disciplina en un momento en el que necesitaban precisamente lo contrario. Las penalizaciones facilitaron el avance de los Cowboys y dejaron una primera impresión poco alentadora.

Sin embargo, la defensa fue creciendo a medida que avanzaba el encuentro. Prescott pasó por fases de enorme dificultad para completar sus lanzamientos y Tampa Bay consiguió frenar varias posesiones consecutivas. El problema llegó justo antes del descanso, cuando una recepción de 48 yardas de Ryan Flournoy permitió a Dallas colocarse en posición de sumar un field goal y marcharse al vestuario con ventaja.

Después del descanso, la historia fue diferente.

Con los Buccaneers por delante 14-10, Prescott intentó encontrar a Flournoy, pero la acción terminó convertida en una carambola defensiva. David Walker alteró el lanzamiento, el balón salió despedido tras tocar al receptor y Tykee Smith lo desvió antes de que Yaya Diaby terminara atrapándolo.

Primera intercepción de la carrera de Diaby y momento decisivo del partido.

El linebacker exterior no solo consiguió una jugada memorable: dio a su equipo una oportunidad inmediata de ampliar la ventaja. La ofensiva aprovechó el regalo y Tampa Bay se colocó 21-10.

Poco después llegó otro golpe para Dallas. Miles Killebrew provocó un fumble de KaVontae Turpin durante el retorno de kickoff y Kevin Knowles recuperó el balón. Los Buccaneers no consiguieron otro touchdown, pero Chase McLaughlin convirtió la posesión en un field goal de 41 yardas para establecer el 24-10.

Dos pérdidas de balón prácticamente consecutivas y diez puntos de diferencia. Por una vez, los Buccaneers estaban aprovechando los errores del rival en lugar de fabricar los suyos propios.

El cierre, sin embargo, volvió a ser angustioso. Dak Prescott encontró a Pickens para un touchdown de 17 yardas y Dallas se colocó 24-16 tras fallar la conversión de dos puntos. Los Cowboys recuperaron la posesión y llegaron a situarse dentro de la yarda 40 de Tampa Bay con tiempo para buscar el empate.

Entonces apareció Alex Anzalone.

Un pase de Prescott destinado a Jake Ferguson terminó desviado hacia el aire y Anzalone atrapó el balón para firmar la segunda intercepción de la defensa. Fue la jugada que necesitaban los Buccaneers para sobrevivir. Una carrera de Irving permitió conseguir el primer down definitivo y cerrar el encuentro.

Tampa Bay terminó ganando la batalla de pérdidas de balón por 3-0, contando también el fumble recuperado en equipos especiales. En un partido que podía haberse complicado muchísimo, esa diferencia resultó decisiva.

Zyon McCollum y Jacob Parrish también dejan su huella

La actuación defensiva tuvo otros protagonistas que merecen reconocimiento.

Zyon McCollum firmó una noche especialmente convincente frente a una pareja de receptores tan peligrosa como CeeDee Lamb y George Pickens. Lamb terminó con apenas dos recepciones para nueve yardas, mientras McCollum sumó dos pases defendidos.

No significa que los Cowboys carecieran de oportunidades, pero sí que Tampa Bay encontró respuestas en una secundaria que necesitaba ofrecer garantías. McCollum mostró una versión mucho más cercana al jugador que la franquicia esperaba consolidar con su renovación.

Jacob Parrish también merece una mención especial. Su adaptación a la posición de cornerback exterior sigue ofreciendo señales positivas y terminó con cuatro pases defendidos. Su batalla con Pickens fue exigente, especialmente por la diferencia física entre ambos, pero Parrish compitió y apareció en momentos importantes, incluida una buena acción en la zona de anotación.

En una temporada que había empezado con demasiadas preguntas, encontrar rendimiento en jugadores capaces de asumir nuevas responsabilidades es una noticia importante.

Yaya Diaby, por su parte, ya tiene su primera intercepción NFL. Ahora falta que ese protagonismo también se traduzca en una mayor producción como pass rusher. Porque si empieza a combinar jugadas de este calibre con presión constante sobre el quarterback, la defensa tendrá otro argumento de peso.

Todd Bowles vuelve a complicarse la vida

Y ahora llega la parte en la que toca guardar el ron y hablar de lo que no funcionó.

Los Buccaneers ganaron, pero Todd Bowles volvió a dejar decisiones difíciles de justificar. La más importante llegó en el último cuarto, cuando Tampa Bay tenía el balón cerca de la zona de anotación de Dallas y ganaba por 24-10.

Los Bucs se encontraron ante un cuarto down y gol. Una conversión habría colocado el marcador en 31-10, pero también existía la posibilidad de sumar un field goal sencillo y ampliar la diferencia hasta los 17 puntos.

Bowles eligió jugarse el touchdown. Sean Tucker fue detenido antes de alcanzar la zona de anotación y los Buccaneers se quedaron sin puntos.

Dallas respondió recorriendo 99 yardas en diez jugadas y reduciendo la diferencia hasta el 24-16. De repente, un encuentro que parecía controlado volvió a convertirse en un examen de nervios.

La decisión de buscar el touchdown puede defenderse desde una perspectiva agresiva, pero el contexto importa. Tampa Bay ya tenía una ventaja considerable y tres puntos adicionales habrían obligado a Dallas a necesitar dos posesiones anotadoras para ponerse por delante. El resultado de la jugada dejó abierto un partido que los Buccaneers tenían en su mano.

Tampoco podemos olvidar el episodio del segundo cuarto. Con el marcador empatado 7-7, Chase McLaughlin convirtió un intento de field goal de 61 yardas, pero una penalización por retraso de juego anuló la acción. Los Bucs perdieron la oportunidad de ponerse por delante y terminaron despejando.

Bowles disponía de tres tiempos muertos y no utilizó ninguno para evitar que expirara el reloj de juego. Con McLaughlin arrastrando dudas físicas antes del encuentro, la decisión de esperar hasta el último momento para intentarlo tampoco ayudó.

La victoria no elimina estas cuestiones. Un equipo que aspira a competir con regularidad no puede depender siempre de una intercepción salvadora o de que el rival falle en el momento decisivo.

Bowles tiene motivos para celebrar el resultado, pero sigue teniendo deberes pendientes en la gestión de partido.

Las penalizaciones siguen siendo un problema

Si hay un aspecto que Tampa Bay necesita corregir de inmediato, es la disciplina.

Los Buccaneers cometieron 14 penalizaciones para un total de 92 yardas. La línea ofensiva volvió a acumular errores, con castigos por holding y salidas falsas que frenaron series y complicaron el trabajo de Daniels.

Luke Goedeke y Ben Bredeson estuvieron entre los señalados, y este último volvió a cometer una penalización en un momento delicado del último cuarto. La ofensiva terminó firmando un tres y fuera cuando más necesitaba mantener el balón y consumir reloj.

Es un patrón preocupante. Una cosa es que un equipo joven cometa errores puntuales y otra que las mismas equivocaciones se repitan cada semana. Las penalizaciones obligan a jugar en situaciones desfavorables, reducen las opciones ofensivas y pueden convertir una buena serie en un despeje.

Dallas tampoco estuvo libre de errores. Sus penalizaciones ayudaron a prolongar aquella larguísima primera posesión de Tampa Bay y facilitaron varias conversiones de primer down. Pero los Buccaneers no pueden confiar en que el rival les haga el trabajo.

La victoria sabe mejor, sí. La asignatura sigue pendiente.

¿Y ahora qué? Pittsburgh espera en Tampa

Los Buccaneers abandonan Arlington con su primera victoria de 2026 y un balance de 1-4. La minidespedida de la competición que tendrán ahora llega en el momento adecuado: el equipo necesita recuperar efectivos, revisar errores y preparar con calma su próximo compromiso.

El domingo 18 de octubre, Tampa Bay recibirá a los Pittsburgh Steelers, que llegan con un balance de 2-2, en el Raymond James Stadium. El kickoff está previsto para las 13:00 horas del este de Estados Unidos.

Será una oportunidad para demostrar que lo sucedido en Dallas no fue una excepción. La defensa tendrá que mantener el nivel de las jugadas decisivas, la ofensiva deberá seguir apoyándose en el juego terrestre y Daniels tendrá que confirmar que puede cuidar el balón ante otro rival exigente.

También habrá que comprobar si la línea ofensiva consigue reducir las penalizaciones y si Bowles toma mejores decisiones cuando el partido entre en su tramo decisivo.

Porque una victoria puede cambiar el ambiente de un vestuario, pero no transforma por sí sola una temporada.

Cañonazo final

Después de cuatro derrotas, los Buccaneers necesitaban algo más que una buena actuación individual. Necesitaban una noche que les recordara quiénes podían ser cuando las piezas encajan y el equipo deja de dispararse en el pie.

En Dallas, Bucky Irving puso las piernas, Jalon Daniels aportó serenidad y la defensa encontró dos intercepciones que cambiaron el rumbo del partido. Tampa Bay corrió para 241 yardas, dominó el reloj y aprovechó los errores de unos Cowboys que terminaron pagando caro sus pérdidas de balón.

No ha sido una exhibición perfecta. Las penalizaciones siguen ahí, la gestión de Bowles continúa generando dudas y el equipo volvió a permitir que un partido controlado llegara vivo a los últimos minutos. Pero el marcador no entiende de excusas: los Buccaneers ganaron 24-16 y ya tienen la primera de la temporada.

Ahora toca comprobar si esta victoria es el principio de una reacción o simplemente una noche de alivio en medio de una campaña complicada.

La tripulación necesitaba una alegría y se la ha llevado de Texas. Que nadie empiece a reservar sitio para la Super Bowl todavía, pero que tampoco nos quiten las ganas de celebrar.

¡Una victoria, grumetes! Ya era hora de que el cañón volviera a disparar. Ahora, a defender el Raymond James y a por los Steelers. ¡Todos a cubierta!

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